lunes, 30 de julio de 2018

Fiesta de Santa Lucía

El día 13 de Diciembre se celebra  Santa Lucía. El refrán dice: "por Santa Lucía mengua la noche y crece el día; y hasta Navidad en su ser está". En la Capilla de Piedrafita  tenemos  su imagen.
Antiguamente en Piedrafita se celebraba Santa  Bárbara, hasta  los años de la contienda, que la imagen fue incinerada. Tampoco el lugar de la Capilla era el actual. Los más mayores que la conocieron  comentan que la que hay está mejor situada, pero es mas pequeña. A la antigua la separaban del cabildo unas rejas de madera. Parece ser que antaño, dicen, vivieron unos frailes en lo que mas tarde se usaba de cuadras y para guardar la  yerba (que  yo  recuerdo con los esconces (dintel) de las puertas
Santa Lucía
 y ventanas de piedra de arena).
Una de éstas cuadras fue de mis abuelos y otra de Ramón y Felicidad. Se vendieron, y hoy son de Bernardo Prida, pues los habían comprado sus padres. Todo tiene su lógica; es posible que viviesen ahí los Frailes y celebrasen  la  Santa  misa en la antigua Capilla, puesto que todo esto era una casería que pertenecía a la familia de Doña Gervasia Valdés, -esposa de Don José Cardin-,que creo que procedía de  Ballina, un barrio de la Parroquia  de Breceña. Ésta gente señorial, solía tener capilla  propia.
Consultado en el censo de Edificios  sacros y Capellanías del concejo de Villaviciosa sólo figura como Capilla de Santa Bárbara  o Santa Lucia de Piedrafita. No se encuentra fecha de edificación de ninguna de las dos.

Parece ser que hace unos 80  años siendo Don Luis Fernández párroco de estas Parroquias,  -que después fue destinado a la Parroquia de Fuentes de Villaviciosa de donde era natural-, llegó a un acuerdo con el matrimonio de Juana y Rafael, ya que habían comprado la casería a la familia  de Valdés Cardín, para que  les quedara  más antojana alrededor de los edificios. A cambio  donaron  el solar para  cambiar   la capilla de lugar, aunque mas pequeña, quedó mejor situada. Parece que se aprovechó la puerta y  rejas  de madera, parte de las losas de piedra para el suelo,  y el Altar, en el cual se hallaban  tres Imágenes: la de Santa Lucía , la Virgen del Rosario (esta imagen era muy bonita; con  capa de terciopelo de color granate  y una corona de estrellas , cuando mi madre era niña  dice que la trasladaban   a la escuela al aula de las niñas durante el mes de Mayo, y junto con los niños  hacían el ejercicio de  las flores) y la de San Antonio. Al lado de la pared de  la izada,  junto al altar, en un mueble pequeño, estaba la Virgen Milagrosa. Esta imagen,  siendo pequeña  me llamaba mucho la atención por su altura  y los dorados que portaba en las  manos imitando a unos destellos como rayos de luz bajando hacia el suelo. Recuerdo limpiarlos; brillaban como el oro. La había donado un señor  invidente llamado Víctor Fernández que pasaba a veces algunos días en casa de su prima Juana.

 Imagen de la Virgen de la Milagrosa similar a la anterior
La Imagen de  Santa Lucía  también fue donada por  Manuel García, hermano de Jesús García, impulsor de hacer y costear la escalera que hay en el cementerio Parroquial. Eran nativos de Piedrafita, concretamente de la Cebellín. Los dos  habían emigrado a Cuba. Manuel casado con  Leonor Casanueva, de la Parroquia de Sietes. Este señor tuvo que someterse  a una operación de vista, y como Santa Lucia es la abogada de la vista, ofreció traer  la Imagen e invirtió 3000 pesetas en acciones del estado. La renta anual la  entregaba a beneficio de la fiesta, cosa que después de fallecer, su mujer siguió cumpliendo con lo prometido hasta el final.
Al inaugurar la nueva Capilla  hace unos 78 años se empezó  a venerar esta Santa Lucia; y se sigue haciendo el 2º domingo de Agosto. Aunque la Imagen ya fue sustituida  por otra, pues con el paso de los años  estaba muy deteriorada. Se decidió comentarlo con  D. José Manuel sacerdote y nativo del pueblo, para que se hiciese cargo de comprar  y traer una nueva. Hace 42 -43 años, siendo Párroco D. Antonio María, nos empezó a oficiar  misa los sábados a la tarde, e hizo una restauración en la Iglesia  Parroquial  de Sietes y se cambio el altar




Mayor, por otro mas  alto y de otro estilo. Parte  de el que  quitaron en la Iglesia,  lo trajo para Piedrafita. En honor a la verdad debo decir  este es mucho mas bonito que el otro. A la vez  se colocaron seis  bancos y se pusieron unas ventanas por dentro de las verjas de madera, quedando así mas protegida. También hubo un cambio de Imágenes: solo quedó la de Santa Lucía; las otras tres nombradas anteriormente parece las llevó a restaurar y aún parece que no les toco turno, pues el párroco ya falleció. En suplencia, nos trajo un San José, y una  Inmaculada. Igual pasó como otra milagrosa pequeña  que se hallaba en una caja de madera con puerta de cristal y al abrir tenia la ranura como las huchas para meter una peseta o perronas. Con  el recaudo se aplicaba una misa de ánimas o del  Carmen. Esta virgina, por su tamaño nosotros de niños así le llamábamos, se pasaba de casa en casa  con motivo de rezar el Rosario. Como tantas otras buenas tradiciones que ya no están de moda.
La Santina en algún lugar se quedó aparcada, quizás como ya falta tanta gente esté en algún rincón sin darse cuenta que el lugar de la Milagrosa es la capilla donde todos la podríamos contemplar.



Al marchar D. Antonio lo sucedió D. Eduardo, excelente como persona y como sacerdote. Después  llegó D.Hilario, igualando al anterior en su tarea pastoral  y personal. Estando D. Hilario se restauró de nuevo toda la capilla, pues tenía mucha humedad y el tejado en muy mal estado. Para ello todos los vecinos nacidos en Piedrafita  y algunos más de la parroquia, aportaron ayuda económica. También colaboraron el Arzobispado de Oviedo, y el Ayuntamiento de Villaviciosa. Esta obra fue realizada aproximada al año1990, al marchar D. Hilario. Como la vocación sacerdotal daba comienzo a  ser mas baja,  se  hizo cargo otro sacerdote llamado D. Antonio que ya tenía muchas parroquias que atender. Así que a oficiar a Piedrafita veníaa con menos frecuencia que los sacerdotes anteriores.
Una vez que D. Antonio fue designado a la Basílica de Covadonga,  los siguientes párrocos ya no oficiaron más los sábados, debido a que igual tenían diez o más parroquias que atender. Lo cierto es que,  con pocos feligreses, pues en casi en todas ellas apenas quedan vecinos. Aquí nos dicen la
misa, como dije, el2º Domingo de Agosto en honor a Santa Lucía. Es una Misa acompañada del coro Valdedios  que viene desde Villaviciosa y unos gaiteros, que  también acompañan tocando a la Virgen durante la  Procesión. Antes, el recorrido era más corto. Desde hace unos años se alargó con un trozo de carretera más. A la llegada a la Capilla, el coro acompañado del público, entona la Salve´; y una vez más, se recoge la imagen hasta el próximo año. A continuación empieza la subasta del ramo, pues con el dinero de la subasta  y la donación de los vecinos cuando pasan el cepillo durante la misa,  se sufragan los gastos y se hace  al otro día, de nuevo, una misa. Ésta se aplica por todos los vecinos fallecidos de la parroquia.

Años atrás, en la Iglesia parroquial, el domingo que celebrábamos la fiesta en Piedrafita no se oficiaba la misa Dominical, y la mayor parte de los vecinos de Sietes  nos  acompañaban  este día. Aunque  ahora quedan pocos vecinos, nos siguen   acompañando, y también los que pueden, vienen el lunes a escuchar la misa por los fallecidos. El día anterior, como vísperas de fiesta, es costumbre  sobre las doce del medio día tirar los voladores y el repique de  las campanas. Ésto se hacía en  la Iglesia  de Sietes  o  también en la de San Martín de Vallés,  ya que como la parroquia Sietes es una hijuela de la de Vallés, el mismo sacerdote  atendía solamente  a estos  dos pueblos. Despues fue añadida la parroquia de Rales  y Santa Eugenia. En Piedrafita  estamos en el medio, y nos movemos para todas partes, pues desde la casa de mi madre hay dos kms. de distancia  para ir a Rales, a San Martín o a Sietes,  a la cual pertenecemos como parroquia.

El encargado de  organizar,con la ayuda de mas vecinos, es Gónzalo Valdés. Anteriormente fue Rafael Cayado. De limpiar y adornar se encargan Celsita, e Isabel. También el matrimonio Emilia, y Manolo, al igual que su hija Mª Jesús, prestaron ayuda varios años para limpiar, adornar, y tener a punto la ropa, tanto del  Sacerdote  como la del altar, y hasta dejar enganchar la luz desde su casa siempre que  hacia falta.

En mis años de juventud, de este trabajo, se encargaban las mozas del pueblo. También  de portar la imagen de  Santa Lucía en la procesión. Yo recuerdo ver a Bernardo Busto recoger todas las cosas necesarias  que se precisan para celebrar la misa y  guardarlas en casa de su tía Lola. Más adelante, al el marcharse a vivir  a Oviedo, las recogía  su primo Manuel Busto y las guardaba en casa de su madre María.

En mis años mozos y mas  de niñez a la tarde había una hermosa romería. Hace unos 37 o 38 años que ya no se hace, pues hay  pocos vecinos y  falta de juventud. Lo que si hay son varios vecinos que se reúnen el día antes, sábado, y pelean por cortar y traer de un monte de algún vecino, que dona  un eucalipto  apropiado,  para seguir la tradición de poner la cucaña. Aunque ahora ya no es tan  alta como en años atrás, ni tampoco se unta con sebo o brea. Ésto se hacía para los valientes que se animaban a subir hasta lo alto para recoger un premio en metálico, pues cuanto más peleasen por llegar arriba, el evento mas emocionante se ponía. Esto ya no se puede hacer, pues para eso se necesitan permisos y una serie de requisitos. Aún hay varios vecinos que lo hacen con mucho entusiasmo y para que no se pierda la tradición (parece es muy antigua). Unos años se dejó de hacer, y remontó en el año 1946, pues Manuel Cabañas oriundo del pueblo y emigrado a Chile, en la 1ª visita que hizo a su tierra comentó la idea de volver a la tradición. Él donaría 25 ptas. para quienes se atreviesen subir a quitar el premio. Creo que no hubo afortunados, e aquí por lo que en los pueblos limítrofes, a la fiesta de Piedrafita se la conocía como fiesta de la vara.

La romería yo la conocí en varios  praos. "Es que en Piedrafíta somos un poco volátiles''. Uno de estos fue el prau de La Campa, propiedad de los padres de Daniel Sánchez. Yo de aquí solo tengo un recuerdo: ver la barraca, el puestín de les chuches y un altavoz colocado en un árbol. Después se pasó al prau de La Mosca, propiedad de Jesús Fernández. Luego se hizo en el praín de Los Foyos, propiedad de los hermanos Prida que regentaban el bar La Tienda. Hace unos 54 años, aproximadamente, durante tres o cuatro años  consecutivos, se hizo  misa de campaña y la romería en los campos de Lueje. Hoy es área recreativa.
En los años siguientes ya hizo la misa, y la romería  en el prau del Campu, por cierto propiedad de mi madrina Maruja Cortina. Si la climatología  no acompañaba, el baile era debajo de un hórreo, y también en una de las aulas de la escuela.
Yo tengo el recuerdo  de la rifa de una tarta, un estuche de  coñac (marca Fundador). Como no existía la ONCE,  esto se hacía durante la verbena, después de vender las rifas: se metía la parte que correspondía a los talonarios vendidos en una bolsa de tela, -pues en aquel entonces todos reciclábamos-,  y una mano inocente sacaba el premio. Más adelante se rifaba un cordero.
El tendido eléctrico  para la ocasión eran una o dos bombillas en la barraca y otras dos o tres  por donde se bailaba. Éstas las colocaban en unos palos largos anclados en el suelo. Como anécdota, que yo ya no lo recordaba, me dice mi hermano Ramón que uno de los años  que se hizo la fiesta en los  Campos de Lluexe, se había enganchado la luz "de estrangis", y  al oscurecer vinieron  y nos la  cortaron. Los de la comisión tuvieron que ingeniar bajar un cable por unos praos hasta casa de Agustín Cortina; y en los años s
ucesivos se enganchaba desde  su casa directamente. Para las  orquestas no se necesitaba  mucha potencia de luz, tampoco para bailar grandes orquestas, ni atracciones; con una acordeón y un bombo,  o algún conjunto, lo pasábamos fenomenal. Con  los años se fue evolucionando y venía alguna orquesta o conjunto mejor. Los que no podían faltar en aquella época  en ninguna romería, era la pareja de la Guardia Civil. Mientras estuvo en activo el Cuartel que había en Libardón, se desplazaban desde allí caminando por Fano, bajar al río de  S. Martín, hasta llegar al prau de la romería. De regreso  recuerdo a  dos de los vecinos ya desaparecidos Luis el cartero y a Celso, coger sus motos para ir a retornarlos al cuartel. Después se acercaban desde el cuartel de Villaviciosa, y ya venían en un coche dos caballos. Solían estar hasta la hora que se tenía permiso para el baile. Si se producía algún lío o pelea, se deshacía la fiesta, se cerraba la barraca y todos pa casa. Yo  no recuerdo que  tuviesen que intervenir.


Tampoco faltaba la avellanera con su cestu de avellanes tostadas, y un bote apropiado para medir,  pues las vendían a granel o en un cartucho pequeño de papel; ni tampoco  el puestín de Rosa la  chochera (de chuches) traía las rosquillas, unas bolinas de anís, los chicles, caramelos, las piruletas, los paragüinos llamados pirulis. Pa los varones los silbatos, cornetas, navajas muy pequeñas, alguna pistola de plástico y los famosos petardos. Pa nosotras unas mariquitas, alguna muñeca de cartón, algún collar y algún cacharro de cocina de plástico. Los que tienen mi edad se acordarán que no nos implicábamos en mirar catálogos,  tampoco nos hacían falta, puesto que no teníamos paga, sólo cuando nos daban algo los güelos, tíos o algún familiar. Parez que estoy escuchando a mi madre decir: "no lo hay que gastar tou; tenéis que meter en la  hucha pa después  comprar  algo que os haga falta". Dicen que no es mas feliz quien más tiene, sino, el que menos necesita. Al no conocer otra cosa  y como casi todos teníamos las mismas carencias, nos conformábamos, y éramos felices. Yo, al menos, así lo recuerdo.


La barraca, algunas veces la trabajaba la comisión; o si no se vendían a quienes interesara para sufragar gastos. A quienes tocase ser de la comisión, eran los encargados de ir casa por casa pidiendo una cuota que casi todos contribuían con la misma cantidad.
El baile  comenzaba sobre las seis o las siete de la tarde y terminaba como muy tarde a la una, con una parada  a las diez para ir  cenar. A los músicos también se les daba la cena; se repartían por las casas. Casi siempre en las de la comisión, algunas veces te tocaba a medio día el gaitero, y a la noche un músico. Los sacerdotes  solían comer en la casa de los padres y hermanos de D. José; sacerdote José Manuel, así lo llamábamos los vecinos.

Los gaiteros que recuerdo desde niña, fueron varios. Venían de diversos pueblos; Germán venía  de Piverda; Álvaro venia desde la Cuenya de la Parroquia de Anayo; Álvaro vino varios años. Otro gaitero, creo se llamaba Eduardo, venía de Sieres Parroquia de Borines; y unos años chicos  componentes  de la banda de Gaitas de Villaviciosa. Uno de estos, Cristóbal y su hermano Esteban al tambor, de Colunga. Éstos últimos cuatro años nos acompaña Arturo, que viene desde Villaviciosa. A  todos  los gaiteros les acompaña una persona con el tambor.

A la tarde, para la romería, vino varios años, aunque yo no lo recuerdo, un señor llamado  Camblor. Vecino de San Román  del concejo de Piloña, y el emblemático Vike del Eslaballu parroquia de Libardón. Yo recuerdo  a Gonzalo, ya fallecido, y a la batería Octavio; los dos naturales de parroquia de Valles; dos hermanos: su  nombre  creo era Mino y Luis, hijos del famoso gaitero José conocido  cariñosamente  en su entorno como (el Ratu de la Madrera). Otros fueron Javier,  a la acordeón y a la batería  Óscar, también fallecido: los dos  vecinos  de la Parroquia de Sietes. También vinieron otros dos de la Cotariella parroquia de Cabranes; uno de ellos creo se llamaba Jaime. Recuerdo  un chico joven creo se llamaba Paco, que era invidente y lo acmpañaba una hermana; era natural de la Parroquia de Celada, digno de admirar en aquellos años por su valentía. También recuerdo la orquesta  llamada "Los Allende" (quiero recordar si eran de Sardeu del Concejo de Piloña,  de donde también vinieron unos conjuntos en los últimos años), que anteriormente creo habían sido componentes  de las  orquesta  "La X" o la "Venecia" de Infiesto. Habían  formado la banda de música de Infiesto, pero no recuerdo el nombre.
Los últimos que actuaron  me parece venían de Avilés, se llamaban Vereda. Yo recuerdo ser muy pequeña y ver en casa comiendo un señor, creo que era pariente de mi güela,  que se llamaba Manolo el de el Barrigón, que, de la Isla  traía los altavoces  de la época para la fiesta. Luego  los traía otro señor de Villaviciosa. Llevaba gafas  y cojeaba un poco. No recuerdo si se llamaba Luis; tenía un apodo..... otro año creo que los trajeron  de la Parroquia de Rales. Aal final, el encargado del equipo musical era "Altavoces Santiago", vecino de  Villaviciosa.

Vaya mi recuerdo como homenaje a estas personas que muchas de ellas ya no están entre nosotros, pero con pocos conocimientos, sin poder acudir a escuelas de música, ni concursos, fueron capaces  de hacernos reír bailar y disfrutar de los bailes en las romerías.de los pueblos.
Todo lo que estoy escribiendo lo hago para que no se nos olviden las tradiciones  ni las personas que contribuyeron a eso. Seguramente las fechas y los datos no serán del todo precisos, por lo cual lo siento, e invito a las  persona que  las puedan aportar  con mas exactitud o fotografías para no olvidarnos de esos años pasados e irrecuperables.
Tampoco nos debemos de olvidar, que el día 12 de Agosto de 2018, Dios mediante, tenemos nueva cita con  Santa Lucía en la plaza del Campu de Piedrafita.                                                                    
Maruja V.C.


jueves, 3 de mayo de 2018

Mayo mes de las flores

Recuerdo siendo niña recoger margaritas por los prados, y pedir  permiso a vecinas para cortar rosas, calas, o ramos de cinamomo  para colocarlas a la Virgen. Durante el mes de Mayo, en la escuela, al finalizar la clase de la  tarde, cantar  la canción de “Venid  y  vamos todos con flores a María con flores a porfía que madre nuestra es”.

El primer domingo de Mayo se celebra el día de la madre. En mi niñez,hasta 1964, se celebraba el día ocho de Diciembre festividad de la Inmaculada Concepción. Recuerdo la ilusión de preparar el regalo de la madre en la escuela: unas tarjetas, bolsas de pan,… Yo recuerdo que a unas niñas y a mí, nos enseñó la maestra a hacer un caballo con cordel y un alambre para que se aguantase. Otra vez hice un “bambi” con fieltro. Para comprar el material recuerdo sacar de una hucha de madera que tenía y con el consentimiento de mi güela. Alguna vez me dio ella las pesetas, y me guardaba el secreto. Una vez llevaba creo una peseta y cincuenta centimos para pagar el material; al ir muy de prisa lo perdi. Al entrar en la escuela y no llevar el dinero, y encima llegar tarde, mis lagrimas me costó. Hoy ya hay más publicidad y más consumismo. A veces se compran cosas superfluas e innecesarias. En mi época había muchas carencias, por lo tanto, poco dinero. Yo, como madre, no me hace falta tanto dispendio; con una llamada de telf., un beso o un te quiero, me basta. Pues las madres, por lo general, respecto a los hijos, no solemos ser nada egoístas.

En homenaje al día de la madre voy hacer un recordatorio para aquellas mujeres que yo conocí en el pueblo, y no están entre nosotros. Algunas las recuerdo más y a otras menos, según mi edad.


Voy a empezar por Lluexe (Lueje) primeras casas o últimas, según por donde entremos. En el pueblo, una vecina fue Feliciana Toyos; que al final, por estar enferma, se fue a vivir a  San Martín, dónde falleció en la casa de una sobrina política: Orfelia  y su hija Trina (Trinidad) ya fallecidas. En la casa vecina también faltan Carola Fernández y su hija Berta Cortina. Aquí recuerdo venir  de visita a Amelia y a Benilde, las dos cuñadas de Carola. En una de las dos casas de abajo, vivieron Filomena Cortina y su hija Palmira Fernández. Y en la otra, fue donde nació mi güelu materno. Tengo recuerdo de ir con  mi güela y con mi madre a ver a Lola, hermana de mi güelu y que estaba en cama. Tenía un hijo y tres hijas: Florentino, Carmen, Aurelia y Otilia Sánchez. Ya faltan todos.

Siguiendo unos metros más adelante, se llega a las casas del Carbayal. En la primera casa vivió  Leonor Sánchez, una buena mujer trabajadora y callada, y en la casa siguiente las hermanas Enriqueta y Soledad  Sánchez;  y también Araceli, quién durante muchos  años vino a pasar los veranos acompañada de su familia. A todas estas vecinas del Carbayal yo les guardo cariño, pues eran unas de las vecinas más cercanas.
Otra mujer que recuerdo es a Casimira (la Curra), que vivía en Sietes  y venía muchas veces a una casina de la cual, actualmente, sólo queda el solar. Estaba  pegando con la casa donde había nacido mi güela. También vivieron  en ella Felicidad, (casada con un sobrino de Casimira), y Herminia. Yo no conocí a ninguna de las dos viviendo en dicha casa.
Al terminar el Carbayal, está la casa llamada “del charcón”. Esta casa es especial para mí, ya que a aquí vivió mi güela Josefa Huerta, nació mi madre y también mis hermanos y yo. Voy a recordar a las mujeres de la familia  que venían a casa de  mi güela unas con más frecuencia que otras; como mi otra güela paterna, que por cierto, también se llamaba Josefa, de apellido Pumarada,  a  la cual le guardo  cariño. A Isabel Gutiérrez, tía política de mi madre, mi tía Luzdivina Valdés (hace un mes que se nos fue. Era hermana de mi padre), a su cuñada Araceli Huerta, a Casimira Huerta (prima de mi güela), y a la vez fueron cuñadas. Siempre se relacionaron bien. A  Irene Carrasco (tía política de mi padre), Angelina García y su hija Marta. Para todas ellas, mi mayor recuerdo. A mi güela materna, que fue con la que nos criamos, le guardo gratitud, pues me enseñó valores como: ayudar  e ir a visitar  a los vecinos enfermos.
Recuerdo que nos hablaba de ser humildes y no ser egoístas,  de querer  y respetar  a las personas mayores. Lo cierto es que, cuando no estaban nuestros padres, en casa, a la hora de las comidas, algo de guerra le dimos los tres nietos. Aunque era mujer de carácter, cuando la oíamos decir  “REPUÑO”… sabíamos que  la cosa ya estaba “ingrienta” (caliente) y que  ya teníamos que aposentar. No recuerdo nos pegase, pero castigarnos, eso sí.

Otras mujeres que pasaban de visita por casa fueron: Asunción y Elvira (casada con Eloy, al que recuerdo venir a las fincas  montado en un burro  negro muy grande y paraba a conversar con mi padre). Elvira era pariente de mi padre,  Asunción prima de mi güela  y su marido Alfredo aún después de faltar mi güela, estando ya ellos en Gijón, siguieron viniendo de visita muchas veces. A Delfa, madre de Asunción, la recuerdo pero no con mucha precisión. Recuerdo mejor a Feliciana, sin embargo, a su marido Marcelino (el sastre), lo recuerdo menos,

Mi güela era muy parlanchina   y al tener a pocos metros un bar tienda a cada lado de    su casa pues hablaba  con mucha gente, que pasaba a comprar, de los pueblos colindantes, si no  estaba ella por el portal la llamaban y conversaban yo recuerdo a  Mela, Carmen y su hermana Pepa, Aldonza, Josefa coya,  Casimira Pedro, Mercedes, a  Amable, Ubaldina, casada con Sindo Peón, y madre de Luis, que nos dejo este año pasado, otras a recordar son Emilia, y su hermana Anita la 1º casada con Secundino paso periodos por Piedrafita en casa de su hija Laudelina, y  Anita   me acuerdo que venían a buscar el pan al bar del Carbayal, donde lo dejaba el panadero ellos lo recogían para  repartirlo en San Martín, una vez  fallecida su marido Emilio se fue a vivir con su hija Celsita  y pasaba mucho tiempo  por el pueblo, Emilio contaba muchas anécdotas, y chascarrillos, otras mujeres  que pasaban mucho a comprar a la tienda  fueron  Visita y sus dos hijas Amelia,  Remedios, del  Llestru( San Feliz )y María (la Cubana)y su hija América vivían en una casa llamada Posada de (San Feliz) recuerdo muchas más  pero sería muy larga la lista,

Siguiendo    camino a pocos metros esta la casa de la tienda  aquí yo recuerdo a una mujer trabajando  en las tareas de la casa se llamaba  Concha( Concepción)  creo era natural de la parroquia de Libardón, aquí recuerdo venir a la tienda   a comprar a Estefanía, Agripina y su madre, creo se llamaba Ventura,  las dos pasaban con frecuencia al pueblo de Rales   donde tenían familia, Casimira, Obdulia, y Soledaina, (Soledad) vivían en el Campón, y también a su sobrina Leonor, que vivía en Comeñes, otra mujer muy asidua  al pueblo fue Blanca García yo  recuerdo palabras y dichos  que decía muy celebres  si estaba comiendo galletas u otra cosa y le decías que aproveche te contestaba ''pa eso lo como  que aproveche si quier'' pero si la provocaban la cosa ya cambiaba   también vivía en Sietes  y cerca de Blanca creo recordar vivir  una mujer  no sé si hermana o cuñada de Natividad,
En las casas denominadas la Plazuela vivía Margarita Fresno y  recuerdo también a su nuera Adolfa Valdés,  venir a visitarla, Adolfa era hija los tíos de mi padre,  Encarnación y de Víctor de Ñabla (Rales) hermana de  Benjamín de Concha madre de Miguel,  de Leonor madre de Esther, todos  y todas ya desaparecidas.
En la casa contigua viva Consola  (Consuelo) Fernández, paso varios años en cama al cuidado de su sobrina política ,Sofía Cayado,  una buena mujer y  también en ocasiones  venían sus padres María y Pepe ya mayores vivían en Vallés y  Sofía  los cuidaba también, venían  de visita sus hermanas Julia,  casada con José, y Teresa, casada con Jamo.
 Seguido vivió Santa, madre de Manolo el de Amelia y su hija Aurora, aunque yo  no las puedo describir muy bien sobre todo a Santa.

En las dos casas siguiente conocí a Ramona, García y a su hija Luisa García, de vecina tenían a Soledad Esperanza, de la cual me llamaba la atención,  pues ya era mayor y conservaba su melena  blanca y rizosa me acuerdo  verla en nuestra casa  y llevar agua del aljibe, frente  a Soledad vivieron Laura, Valdés prima de mi abuelo Felipe,  su hija Hortensia, y a su nieta Celita estas  dos  vivían y fallecieron en Oviedo.
En la misma zona vivieron Casimira Sánchez, la recuerdo con el pañuelín negro en la cabeza  con las vacas andaba muy de prisa tenía mucha energía, con ella vivía su hija Felicidad García.
Al frente cruzando la carretera estaba Pura Fernández muy amable y educada aunque  a veces no gozaba de buena salud, le gustaban mucho los niños e ir visitar a los enfermos,  vivía con su padre

A esta casa luego se vino a vivir su hermana Soledad, anteriormente vivían en la Carcobina Sietes
Y por la parte de abajo vivió otra hermana  Julia tenía tres hijos  yo recuerdo vivir allí solo a Onelia, los dos varones uno ya estaba emigrado a Chile y el otro vivía en Gijón donde se fueron todos a vivir.

Siguiendo  más adelante es donde vivió con su familia Aurina Fresno,  al frente estaba la madrina de mi madre Argentina Cabañas, las dos eran muy curiosas para hacer  labores.

Separadas por el camino  fue  donde  vivieron  las tres hermanas: Primitiva,  Lola y Virginia García,  hermanas de Ramona, madre de Luisa Busto. Eran  conocidas por “las hijas de Favorín”. En el portal de esta casa  las tardes de los domingos, nos reuníamos las crías  a jugar. Lola es de  la que yo más me acuerdo; tenía siempre  una  sonrisa y una paciencia con los críos digna de admirar. Nunca nos reñía y teníamos el suelo del portal rayao con una teja para jugar a lo que llamábamos el cascayu… y no nos decía nada. Yo guardo un buen recuerdo de Lola.

A veinte metros nos encontramos con la Capilla y el Campu. Aquí vivió Juana Piniella y su familia. Una de sus  hijas: Luz Cortina, nos dej hace pocos meses. La primera boda a la que yo fui  con mis padres, fue la de Luz. Se casaron en la Capilla y  el banquete se comió en la casa. Aquí recuerdo a Oliva y a Erundina. Eran nueras de Juana. Tampoco olvido a una de sus dos  nietas mellizas: Ana Hilda y Angelines (Ángeles)  hijas de Erundina; eran de mi edad. Angelines nos dejó demasiado joven, al igual que su primo Luis Miguel, hijo de mi madrina. Éste, desgraciadamente,  aun era más joven  que  su prima  Angelines. Ana Hilda se crió con los güelos en Piedrafita, hasta marchar con sus padres y hermanos para Gijón.

En las casas situadas frente a la de Juana, en la primera, vivió María Lueje. Recuerdo ver allí a su nuera Hilda y también a su nieta  Luisina (también  nos dejó muy joven). En la otra casa estaba Emilia Huerta, también  nuera de María, y  aquí también vi en ocasiones a Casimira, madre de Emilia y de mi tía  política  que ya la nombré: Araceli.
Bajando por el camino de Campu, cruzando la carretera,  a la izquierda, vivió Soledad Lueje,  hermana de María, y a la vez cuñada de Covadonga. Los veranos los solían pasar en Sietes. Se acercaba acompañada  de su hermana Pilar, dando un paseo, a visitar a la familia.

Siguiendo unos metros adelante se llega a las casas de la Cebeyin donde vivió Inés Granja. Un día, al venir al medio día de la escuela, me acuerdo ver a Ermentina (vecina más cercana de Inés), y a mi madre,  acompañando a las dos hijas  de Inés que  venían a buscar  a su madre, pues estaba muy enferma. La mujer, después se recuperó, y vivió muchos años más.
En la casa pegada a la de Inés es donde vive  Ermentina. Aquí conocí yo a su madre, Visita (Visitación) Sánchez. El padre de Ermentina se casó en segundas nupcias con Pilar, hermana de Solina (naturales de  Sietes). Pilar también vivió algo de tiempo con  Ermentina. Recuerdo ver de visita a  Josefina  Alonso,  -casada con Lalo-,  a Leonor Casanueva, -venía acompañada de Alicia-, la cual estuvo muchos años a su cuidado. Manuel, el marido de Doña  Leonor (así se le conocía), era natural de la Cebeyín, concretamente tío de la madre de Ermentina.
En este lugar también conocí a Portala. A ésta mujer  la recuerdo ya mayor. La llevó su sobrino Pepe a su casa para atenderla la familia. La
casina de Portala me llamaba a mí la atención porque tenía dos puertas de entrada casi pegadas. Era más bien baja de corredor. Un día se lo comenté a mi madre, y me dijo: “por una puerta se entra a la cocina y se sube al corredor y a una sala que hace de habitación; y por la otra  puerta, se va a la bodega  donde duerme Portala”.
A pocos metros de la Cebeyin es donde  estaba la casa escuela. Hoy sólo hay un matorral. Cada vez que paso por allí, me da más coraje ver en que se convirtió la escuela de la Parroquia
En la escuela quiero recordar a mi primera maestra: María Esther  Sánchez, y a la última que tuve: Isabel López. Tengo un buen recuerdo de las dos. María Esther se hospedaba en casa de Juana.  Isabel en la escuela, en la vivienda destinada a la maestra. Isabel  falleció hace ya unos cuantos años. En la otra vivienda de la escuela, recuerdo a Nieves Alonso, casada con Avelino el Maestro. Los dos  nacidos en  Sietes y los dos nos dejaron hace unos años. Como también las tres hermanas de Nieves: Dorinda, Enriqueta y María. Nieves y María al estar viviendo más lejos, las traté menos. No es como a Dorinda y Enriqueta; que como vivían en Sietes, pues  había más relación. De esta última, tengo que destacar lo bien que cantaba.
También a su tía Ramona. Recuerdo un día a la mañana, al ir a la escuela, ver a mi padre y a Manolo (el de Luis) que venían de buscar donde la escuela. Francisquín y alguno más, traían a esta mujer. Parece que salió y se despistó. Fue a parar a Froneldi, una finca  de su propiedad. La pobre mujer cayó y pasó la noche al raso. No recuerdo muy bien, pero creo que, por suerte, no estaba muy lastimada.
Es curioso que a veces nos acordemos de algunas cosas pasadas, siendo muy pequeños, y en ocasiones, ya no nos acordemos de lo más inmediato.
Otras dos mujeres que pasaban  a menudo a San Martín fueron Pilar Sánchez  y Angelina Coya. Las dos tenían  allí las madres y familia al ser las dos naturales de allí.
Otras mujeres a  recordar son Teresina (la de la casa Sietes), Visita (la de la Caleya),  Serafina, Angélica y Pacita la del Cotaraxu; y su hermana monja, Angelina, que yo conocí  cuando vino del convento por un tiempo, a cuidar a su madre Casimira. También a Remedios,  del bar de Sietes; a María Belén, a su hermana Rosina; a Sara (la conocí una vez venida de Cuba), a Marujina  (aunque vivía en Oviedo pasaba los veranos en casa de Josefina). También recuerdo  a sus padres y a sus hermanos; a  los que más recuerdo son  a Pepín y a Jesús.
 Elsira, que también se fue muy joven;  a Zoila y sus hermanas Clara y Ziria; a Remedios,  Doña Julia, a una hermana y a una nieta. Recuerdo ir los domingos a la tarde a su casa a ver la televisión. A Carolina la de  Santos, a Fidelia, Josefa la Chela, Natividad, Josefa  Constante, una María que vivía por donde está el bar de Sietes, y otra mujer (pero no sabría describir muy bien;  creo era abuela  paterna de Nievines), y María Jesús, pues a los abuelos maternos  tampoco los sabría describir muy bien.
Otras mujeres a recordar son Felicidad y su hija Pilar, Rosa el Güelu,  Domitila (me acuerdo de verla en Villaviciosa  en casa de María una de sus dos hijas) y Elena y su hija Josefina Vallín. A casa de  Josefina también venían unos primos: Olga, Palmira y su hermano Benjamín  que vivían en Lastres. Sus padres eran  descendientes de Sietes.
También a Oliva la del Palaciu, Ramonina  y su cuñada Rosario, Carolina de Mariano, Aida y su hija Pili (también me acuerdo de Pilar, madre de Aida).
De la Carcobina voy a dar un salto a Perviyao. Recordar en primer lugar a Angelina Granja, a Aurelia (casada con Avelino), Piedad  y su marido José,  a su hijo y yerno José Antonio y  Ramón. A la madre de Piedad, si no estoy confundida, creo recordarla y me parece que se llamaba Elvira.
 A los hermanos Celia, Benigno y Manolo; también a Hortensia y Urbano (padres de Nori -y  el marido de ésta- José Antonio), a Julia (tía de Carmelina), a Filomena  y Pepín (padres  de Hilda  y Angélica), a las cuales ya nombré. Otras dos mujeres: una se llamaba Casimira y otra Oliva. Pero no sé decir si tenían familia. Otra mujer a recordar es Suceso; Evaristo del Barrial, a Emiliano y Anita,  a Angelina, casada con Marino.
Para todas estas mujeres que  en paz descansen. Vivieron otra en época con aceptación  y dignidad, muchas de ellas con muchas privaciones, sin conocer  las comodidades; ajenas a la igualdad y otros derechos que hoy tenemos. Sirva este recuerdo el próximo domingo día de la madre, como homenaje hacia todas ellas. Aunque   algunas no hayan sido madres  seguro que lo ejercieron en algunas ocasiones, pues en  los pueblos era de costumbre dejar a los pequeños al cuidado de alguna  tía o una vecina  si  las madres se venían apuradas. También para todas las madres, sobre todo las que más o menos tienen mi edad, que aún tenemos la suerte de  tenerlas, -con  limitaciones  y lagunas debido ya a su edad-, pero las seguimos disfrutando. Gracias a todas.
En el anterior post (anterior entrada a este blog) dedicado a los hombres con motivo del día del padre una vez publicado al revisar el borrador que tengo, me di cuenta que se me habían olvidado  muchos  nombres pido disculpas, lo voy a tratar de enmendar. Si de nuevo no me vuelven a  patinar las neuronas:
Siguiendo en Perviyao aparte de los ya nombrados,  recuerdo de Liyo, a su hermano Marino (casado con Angelina) y a su cuñado Manolo  (nacido  al igual que sus dos hermanos José y Adolfo en Rales). Fueron los vecinos más cercanos de niñez de mi padre.
Otro hombre cordial fue Arsenio Rodríguez.casado con Josefina Granja Fue alcalde  de la parroquia  durante unos  cuantos años, y hace pocos meses que falleció.
 Bajando a la casa del Campu, recuerdo a Manuel Alonso, conocido como Manolo el Oculista, pues  su profesión era la medicina. Recuerdo  con quince años ir a su consulta  por un problema de  visión que  yo tenía. También ejerció de alcalde del concejo de Villaviciosa. Yo de  su mujer no tengo  recuerdo, ya  que  enviudó  joven  con cinco hijos. Tres de los cuáles se fueron muy jóvenes; Mª del Carmen, a la cual tuve la suerte de conocer una vez que se trasladó desde el convento a visitar  a su familia a Villaviciosa; José  Eugenio y Jesús(Jesusín)
El recuerdo que yo tengo de Manuel Alonso es de  una gran persona, amable y campechano.
Siguiendo al Cotaraxu,  estaba Armando. No me gustaría equivocarme, pues creo tenía rango de Capitán  del ejército; y su hermano Óscar Lueje. También, un recuerdo para su yerno: Benjamín Álvarez, que despedíamos el verano pasado. Benjamín, lo aprecié no solo por estar casado con Angélica (fuimos amigas desde la escuela) , sino también  por  ser amigo de mi hermano Ramón; se preocupa de llamarlo por teléfono, venir  a casa a charlar con él, e ir  a visitarlo al Hospital las veces que estuvo intervenido.
Más adelante, recuerdo a Manuel Vallín, a su hijo Manolo y su yerno Manolo Sánchez, casado con  Josefina Vallín (de la misma edad y amiga de mi madre, tenía muy buen carácter).
 En la misma zona recuerdo a Agustín, (marido de Sara). Quién nos dejó hace poco tiempo, fue Jaime Tabernero, con el cual tuve la suerte de hablar muchas veces; pues cuando venía a Sietes, paseaba mucho por Piedrafita y paraba muchas veces a charlar con mis padres
También nos dejo Gonzalo Cortina, persona familiar y atenta, al menos para  mi familia. Mientras su salud se lo permitió,  se acercaba a visitar a mi madre aún después que ésta se viniese conmigo a Colunga. También, varias veces, acompañado de Ana,  la visitaron. También Julián, el del bar. A su hijo Juanito, después de pasar años, lo vi en el funeral de su primo Gonzalo y me causó lastima. Me pareció que el hombre no estaba muy bien de salud. Al poco tiempo me entere de su fallecimiento.
Me acuerdo de ir a casa de Casimira, y ver  en el portal de la casa de Josefina  a su tío D. Perfecto.
 Y sentado donde un balcón de  la casa de Zoila, (no sé si sería también tío),  no sé el nombre creo le llamaban “el paisano”.
Otros que voy a recordar son: Carlos Miyar, padre de otra amiga; Maribel y a su marido Carlos  fallecido también muy joven.
 También a Salvador, a Secundino y  su hermano Sidoro Granja (padre de Sidorito). Recuerdo el primer radio que yo conocí en mi casa; se lo compraron a él. También a Eloy  y a Sidorito los recuerdo venir a Piedrafita,  y sobre todo a  asistir  año tras año a la misa  de Santa Lucía. Eran dos hombres simpáticos y cordiales.
Así también era Luis Díaz. Fue tratante de ganado varios años. Le gustaba la caza. La última vez que lo saludé en Sietes, no me conoció. Me dio pena, pues si nos encontrábamos  alguna vez en Colunga  siempre me decía: “¿qué tal estáis Marujina?”. Voy a recordar  también a su hermano Pedro. Estuvo varios años trabajando con Rafael  en la construcción.
Hace poco estuve contemplando una fotografía  de seis hombres de Sietes; creo que estaban de boda, y como es natural, recordaba a todos perfectamente. Al que menos fue a Santos; sólo  recordaba verlo llevar el farol en la procesión del Corpus, -pues entonces era el alcalde-; y sin embargo me doy más cuenta de otras personas más mayores que él. Quizás Santos saliese menos por no gastar salud o algo así, pues su hija y yo fuimos a la escuela a la vez. No tenemos mucha diferencia de edad. Un recuerdo también a su marido Miguel.
En la misma línea, también falta, Pepín (hijo de Natividad),  y de Benigno Toyos y Pepe (marido de Conchita); aunque no vivían en Sietes. También  un recordatorio para Ramón (el Marqués), que falleció en un desafortunado accidente y a tres de sus hijos fallecidos muy jóvenes: Jesús, Manolo y Antonio.
Otros a recordar  son Francisquín  y su hermano Venceslao;   Ramón y Angelito (los dos vecinos  eran muy conocidos en el concejo pues desempeñaban el trabajo de taxistas en Villaviciosa).
También a Mel, padre de Aurelia y Alfredo. Mel cabalgaba en un burro  claro; un medio de trasporte muy usual en aquel entonces, sobre todo para las personas que tenían alguna limitación  para caminar. Su hijo Alfredo era simpático, me parecía tan buena persona, como su hijo Óscar (a quien recuerdo en los bailes del Casino tocando el bombo); tanto él, como Pepe (marido de su hermana Amor y hace poco un yerno de Juan), como otros muchos que nombre se fueron  demasiado pronto. Como también Martín (marido de María), y Paco (marido de Tere, las de la casa Sietes).
 Creo me quedan por recordar: Ramón de Anxilo y su hijo Benigno( Pinón, como se le llamaba). Fue un hombre trabajador; recuerdo verlo  pasar a él, u otras veces sus hijos, con el caballo o con un carrillo a repartir pienso para el ganado. Cuando los vecinos de los pueblos lindantes se lo compraban, amigo de gastar bromas, cuándo pasaba por donde nuestra casa llamaba a mi padre, charlaban, y se provocaban mutuamente; los dos se reían. Lo que no se  imaginaban es que la tarde del dieciocho de Mayo del 2004, se celebrarían sus  dos  funerales en Sietes. También, Lalu (marido de su hija Alicia) falleció demasiado joven en un trágico accidente de moto.
Si es cierto que hoy  tenemos más conocimientos y en los pueblos hay menos vecinos, y  casi todos con coche. La gente se hace más independiente; cada uno anda  lo suyo, y hasta hay menos diálogo. En los años de mi niñez para ir de un pueblo a otro se hacía caminando, se encontraba más gente  y se conocían todos. Entre ellos eran más sociables.


Quizás  me extendí demasiado quise enmendar el olvido y entonces hice un recordatorio más minucioso por la Parroquia. Seguro que otra vez me queda sin nombrar alguien, o confundí nombres, o los comentarios no serian apropiados,… pues si fue así, lo siento.
Seguro que todos los que ya no están entre nosotros  no fueron iguales; tuvieron diferentes costumbres, pensaron diferente,…  pero al final sin darse cuenta lucharon y pusieron su granito de arena por dejarnos  un mundo mejor.
 Gratitud hacia todas  estas personas y, que descansen en paz.

miércoles, 14 de marzo de 2018

Diecinueve de Marzo

Vista de Piedrafita
El próximo Lunes 19 de Marzo, se celebra San José y también es el día del padre. Voy hacer un recordatorio a todos los vecinos ya fallecidos, que recuerdo viviendo, o que frecuentaban el pueblo  unos por nacer o tener familia y pasar algunos días de visita. Otros   por  ser  descendientes  tenían hacienda y se desplazaban  para recoger cosecha como manzanas, hierba, madera, etc.

Lo que queda de la escuela
Voy empezar por la casa escuela con Avelino Garcia nacido en Sietes. Durante varios años fue el maestro del pueblo hasta su marcha a Santander. Avelino tenia tres cuñados: Francisco Huerres, Tino Cortina y José  Cortina. Francisco y José  solían venir a recoger hierba y con las vacas. Tino aunque tienen alguna finca, en aquella época  ya vivían en Villaviciosa  pero lo recuerdo venir a pasear y dar una vuelta por el pueblo. También voy a  recordar a Pablo Cortina, hijo de José y sobrino político de los tres ya mencionados. Pablo nos dejó hace dos años. Cuando nos encontrábamos en la Villa o  en Piedrafita, donde solía venir con frecuencia, y conversábamos un poco. Para mi era buena persona.

También Salustiano Miyar (Tano el de la casa Sietes) solía pasar con el maíz en el  caballo a moler  tenían algunas fincas y las tenia arrendadas, Tano era muy conversador, mi madre tiene una finca pegada a su casería y muchas veces coincidíamos con él.

Casa que fue de Mariano García
A pocos metros en las casas de la Cebellin, recuerdo a Vicente  mas conocido por su apellido Mangón, y su nieto Bernardo Cayado  desafortunadamente nos dejo muy joven, tenia la edad de uno de mis hermanos.y también a Javier, nieto político de Mangón, también  vivió un tiempo en el pueblo

En la casa continúa José Manuel y Bernardo de Diego dos de los tres hijos varones de Inés. También
dos de sus yernos Víctor y Ángel  Remis. El primero venía a visitar a su suegra. Ángel  pasó con la familia varios meses en el pueblo.

En otra casa recuerdo a Mariano García  y a su hijo Lalo. Éste vivía en Sietes y acudía muchos días a casa de su padre que ya era mayor, y luego lo llevó a vivir con él a su casa.

Siguiendo  pocos metros a la derecha, vivía Fermín Sánchez, padre de Daniel. Recuerdo estar en la escuela y llegar la noticia de su fallecimiento.

También recuerdo a Cándido Lueje, cuñado de Fermín y Luis. Vivía en Oviedo aunque tenía casa en Sietes, y venía con frecuencia a Piedrafita a visitar a sus hermanas y familiares.

En la casa del campo vivieron Luis Busto y sus dos hijos: Luis (Luisito) y Manolo, que vivió siempre en el pueblo hasta su viudedad. Después se fue a vivir con  la  hija y  su  marido a Oviedo. Su hermano vivió en Sietes y Gijón y venia con bastante  frecuencia por el pueblo.

Capilla
En la casa pegada a la Capilla, vivieron Rafael Cortina, primo de mi abuelo Justo, y sus tres hijos  Belarmino, Víctor y José Ramón. Aunque yo a éste ultimo no lo conocí, pues debido a su enfermedad,  la familia se vio obligada  a ingresarlo  muy joven. Cuando yo nací, dice mi madre, se acercaba todos los días a preguntar si podía entrar a verme. Y así lo hizo varios días hasta su ingreso. En la casa la Capilla también vivió Luis Cayado, yerno y cuñado de los nombrados y marido de mi madrina.

Hórreo vecinal
En la casa siguiente vivió Laureano Prida y sus cuñados Manuel (Mel), Gabriel, y Albino. Los dos primeros emigrados a Chile.  Mel era el padrino de mi madre. Lo traté   en varios viajes  que hizo, y se acercaba en visita a su pueblo. Siempre hacía una parada en nuestra casa. Gabriel cuando regresó
de Chile se  fue a vivir a Rales, el pueblo de su mujer.

Cruzando la carretera a la derecha vivía Vicentin, abuelo de Aurina Fresno. Lo que yo recuerdo es verlo en una  casa  de escalera de piedra, no muy alto, de gorra y con una chaqueta como de mahón. Después de fallecer, ésta casa la reconstruyó Jesús Fernandez, que  anteriormente había vivido en la Cebellin.

En la misma línea, unos metros más, está la casa donde vivía con su familia el ya nombrado Albino Cabañas. Cuando yo tenía 8 o 9 años se fueron a vivir a Gijón.
Casa de Julia y Albino
Pegando a esta casa, por arriba,está la casa donde vivía Melín Fernández, suegro de Albino. Era un señorín, menudo, muy agradable y educado. Yo, así lo recuerdo. A esta casa luego se vino a vivir  Ramón Valdés, yerno de Melín , cuñado de Albino y tío de mi padre.

A la izquierda de estas casas, está la casa de Ramón Cortina  y sus dos hijos José (Pepe) y Manuel (Manolo). Yo recuerdo subir una vez con mi padre de Villaviciosa en el camión que tenia Manolo. Se dedicaba a bajar la leche; después se fue para Oviedo donde ya estaba su hermano Pepe.

En la misma zona, tan sólo separados por un hórreo, vivió Armando Fresno. Yo no lo recuerdo viviendo de seguido en el pueblo, pues estaba ya en Oviedo. Si  recuerdo cuando traía un seiscientos, y verlo leyendo en el portal de su casa donde pasaba los veranos.

Aquí en la Plazuela, también vivía Amalio Poladura que, al casarse de segundas nupcias lo tuve de vecino mas cercano.
Otros vecinos fueron: Pepe Busto, (hermano del nombrado Luis Busto) y sus hijos, ya fallecidos: Julio, casado en Sietes  donde  vivió  antes de irse  para la Villa. Venía mucho al pueblo a trabajar y cuidar su huerta; Y José Manuel (sacerdote). Me acuerdo cuando llegaba en moto estando de párroco en La Espina  a visitar a su padre y hermanos.

En la casa siguiente, vivió Baldomero Sánchez que tenía varios hijos. Uno de ellos era Manolo Sánchez, casado con Amelia. Vivían en Sietes. Otros dos eran Juan  y Ramón, que vivían en el concejo de Cabranes;  y aunque no habían nacido en Piedrafíta, ya que vinieron a trabajar a la casería de Laura, solían venir los dos muchas veces. Además, el día de Santa Lucía,  les gustaba acudir acompañados de algún familiar  y conversar  con los vecinos.

A continuación vivía Luis Valdés, cartero de la Parroquia, hijo de Ramón Valdés,y el suegro de Francisco Carneado (veterinario que vivía en Villaviciosa  y subía todos los días a hacer la línea por los pueblos para atender los animales).

Casa de Luis Valdés
Casa de Argentino Manjón

Seguido a Luis, conocí a Antonio, yerno de Baldomero, aunque recuerdo más al suegro que al yerno. Ésta casa, al marchar  Antonio y su mujer, la vendieron y la compró Argentino Manjón, la cuál esta adosada a la que fue de su madre. Hoy son las dos de la familia. Argentino tenía dos hermanos: José,  emigrado a Cuba, e Isidro, que en aquellos años vivía en Lastres. Yo  recuerdo verlo venir  a visitar a su madre, para la fiesta del pueblo y para la matanza. Luego se marchó  también para Gijón. En esta casa yo también conocí a Isidro Fresno, tío de los tres hermanos nombrados. Lo recuerdo con bigote, no muy alto y delgado, paseando por el camino delante del  hórreo donde su casa.

Casa de la tienda
En la misma línea,  a pocos metros estaba la casa de la tienda, dónde vivían Ariqué, Alfredo, Avelino, y César Prida. Compaginaban la tienda con la ganadería. Algún caramelo y galletas me dieron. Fallecierón todos estando yo ya casada. Los aprecié mucho; eran muy buenos vecinos.

El Carbayal
La próxima casa  después de la de la tienda, es la del Charcón, parada obligada para mí. Aquí nací y vivieron mis ancestros. Recuerdo perfectamente a mi bisabuelo Valeriano Huerta: tenía yo cinco años cuando falleció; él tenia 90. Recuerdo estando ya en cama, que mi abuela me mandó llevarle un pañuelo y al cogerlo me dijo: ¡¡guapa ñeña!!. Cuando fui mayor, me di cuenta que como era tan pequeña, en agradecimiento, me hizo ese halago. Y nunca se me olvidó aquella frase. Valeriano era el padre de mi abuela y de Luis y de Florencio Huerta. Luis estaba casado en Sietes con su prima Casimira Huerta. Murió joven. Florencio vivía en Valencia. Tampoco falleció mayor. Yo lo recuerdo cuando venía a pasar los veranos con su mujer y sus dos hijos,  con sus muletas, pues era mutilado de guerra. Luis, el mayor de sus hijos, era sordomudo y falleció  también muy joven, antes que su madre. De Santiago, hace unos años que no tenemos noticias. A quien no recuerdo es a mi abuelo materno, Justo Cortina, porque yo tenia solo un año cuando nos dejó. A quien sí  recuerdo con mucho cariño es a mi tío Arsenio Cortina, hermano de mi madre. Tan solo tenía 41 años cuando un infarto nos lo llevó. Y cómo no  recordar a mi padre, Ricardo Valdés, al que le debo además de recuerdo, mi cariño y gratitud. También voy hacer un recuerdo  a mi abuelo Felipe Valdés, a mi primo Paco, y a mi tío Silvano Valdés, que aunque vivían en  Rales, a los tres les gustaba venir  a Piedrafita. Sobre todo a mi tío, ya que de adolescente se vino atrabajar varios años a casa de Laura Valdés, madre de  Hortensia García. También a Manolo, cuñado de mi padre, y al hermano de mi abuelo  Melín  y a su hijo Servando. Nos juntábamos para comer  el día de las fiestas patronales, y  también nos acompañaban  Pepe y Teodoro de Ñobales, a los cuáles yo recuerdo con añoranza.
   
También quiero recordar a Modesto Fraile, pues venía mucho al prau de Miyares. Paraba mucho en nuestra casa, ya que al ser su mujer prima de mi abuela, siempre nos relacionamos.

También voy a recordar a Ángel y  a su hijo Manuel Ángel Busto. Ángel había nacido en El Carbayal, en una casa que ya solo existe el solar y que estaba detrás de la casa donde nació mi abuela. Fue donde mi padre después puso el llagar. El padre de Ángel era hermano de Luis y Pepe  Busto. Ángel se fue  a vivir a Sietes muy pequeño, pero también venía a hacerse cargo de las fincas que tenía. Falleció hace mas de cuarenta años y él tendría pocos más; como también uno de sus dos  hijos, Manuel Ángel, que en verano y fines de semana se acercaba casi todos los días a Piedrafita. También se fue a la edad de cincuenta y tantos años.

En El Carbayal los siguientes recuerdos son para otros vecinos más cercanos, como Ricardo Sánchez, el de La Verdial. Yo era bien pequeña pero lo  puedo describir de bigote, gafas, más bien bajo y no  muy delgado; encendiendo el cigarro con el cisquero. Tenía cinco hijos: dos mujeres y tres hombres. Uno era Manolo Sánchez, el cuál regentó el bar El Carbayal. Fue muy emprendedor, aunque la enfermedad lo llevó a perder  el rumbo y terminar sus días en Francia. Los otros dos son: Eloy y Aurino Sánchez. Yo conocí sólo al segundo en dos de los viajes de los que hizo a Asturias. Todos ellos fueron cuñados de Amalio, a quién ya nombré anteriormente. Otro cuñado fue Antonio, pero yo no sabría ponerle rostro. Estaba casado con la hija mayor de Ricardo y vivían en Liébana de dónde era natural y creo vino pocas veces.
A quién recuerdo es a  Julio. Éste señor había estado haciendo la mili con Manolo, de lo cuál surgió la amistad y pasaba con su mujer y su hijo en el verano varios días. El hijo siguió viniendo hasta fallecer Soledad. En la misma casa también vivieron largas temporadas el padre de Amalio (se llamaba también Ricardo), Poladura,  su hijo Ángel Poladura, y otro hermano que recuerdo fue Ernesto Poladura, el cuál, regresó de Vietnam con su hijo menor (llamado Eloy) y estuvieron poco tiempo.

Los vecinos siguientes fueron Alberto y su hijo José (Pepe) Fernández. Los dos fallecieron no siendo muy mayores. Alberto escuchaba mucho la radio y comentaba las noticias del tiempo; si le preguntaban: "¿cómo estará el día mañana Alberto?" contestaba con guasa: "mañana va estar buen día  ¡¡bueno... si no me lo estropea el aire!!"


Otras dos personas asiduas al pueblo fueron Manuel García, conocido como Manolo (Roque). El apodo, como suele pasar  muchas veces, no les hacía gracia ni a Manolo ni  a su sobrino Javier (tenía dos años más que yo y falleció con 39 años). Aunque vivían en El Campeón en Sietes, Javier, sobre todo solía estar si se llamaba para trabajar todo el día o si no hasta el bar diariamente. Eran buenos.

Siguiendo camino, de frente a la derecha, está Lueje (Lluexe), el último barrio del pueblo. Aquí conocí a Victoriano Fernández (padre de una hija y dos hijos), Enrique y Jesús, Fernández. Éste último ya lo nombré ,vivió siempre en el pueblo. Enrique era maestro, se casó y vivía en Sietes. Recuerdo comentar su muerte, aunque yo era tan pequeña, tengo una vaga idea de él: creo era alto y delgado pero no sabría  describir su físico.

En la casa contigua vivía Florentino Sánchez, primo de mi madre. También voy hacer un recuerdo a José natural de Vallés, que solía acercarse los domingos hasta el bar y hacer una parada en casa de Florentino, pues eran cuñados.

Por la parte de atrás, separando las casas, en el camino de acceso, vivía José Fernández conocido como Pepe Lluexe. Recuerdo traernos la maestra  Mª Esther a rezar un rosario cuando falleció. Creo yo que lo hizo porque su nieta mayor aún estaba en la clase,  pues su madre era hija de Pepe y vivían con él el matrimonio y sus tres hijos, el yerno (Agustín Cortina) y uno de sus dos nietos varones: Celso Cortina (ahijado de mi madre, ya fallecido) y de Arsenio (mi tío que también nos dejó). Aquí recuerdo a Julio, hermano de Agustín, que solía venir  con frecuencia a visitarlos.

Aquí en Lluexe, también tengo un recuerdo para José Llosa, de su cuñado José Antonio Fresno (hermano de Luis Fresno  y padre de  Juan Ramón Fresno), como para Agustín del Cuetu, suegro  de Manolo Prida natural y maestro de Breceña durante algún tiempo. Los cinco primeros son  naturales de Vallés y todos ellos frecuentaban  Piedrafita, pues tenían  fincas y traían el ganado  a pastar y a recoger la cosecha. Manolo el maestro, en verano, venía con su familia a ayudar en la tarea a sus suegros,  pues eran  ya mayores. Juan Ramón y su padre, aparte de fincas, estuvieron mucho tiempo  sacando la leche en bidones con el burro  desde San Martín, al  cruce de la carretera que va hacia Villaviciosa. Allí lo cargaban los camiones para llevar a la fábrica.
Juan Ramón después, se marchó a trabajar a Gijón. A Luis, que también tenía vacas, pero se le conocía más por ser amante de la pesca y la caza, también le gustaba echar la partida. Muchas tardes las pasaron él y mi padre jugando a las cartas.

También a Enrique Cayado y su hijo José Manuel Cayado que ya nos dejaron. Recuerdo verlos pasar con un  mulo y un burro con los bidones. Pues como los anteriores, también recogían la leche por las casas y lo sacaban también al mismo lugar dónde cada camión lo llevaba a su fabrica.

Yo  oía  comentar que cuando  te haces mayor  te vienen recuerdos que no te paraste a pensar, y eso me  pasó a mi ahora. Por eso lo escribí, aunque es largo y quizás aburrido en recuerdo  a todos ellos.
Como dije al principio. por ser el día del padre, pues en tiempos  de muchos de ellos seguro que todos los días no siendo los festivos serían iguales, tratarían de trabajar y poder subsistir. Algunos no fueron padres, no por eso dejaron de ser personas más o menos válidas a la sociedad, puesto que  yo creo que venimos  a esta vida a cumplir un cometido y todos somos diferentes personas. Por eso no se deja de ser personas válidas. Lo importante es tener buenos sentimientos. De todos estos vecinos y familiares tengo un buen recuerdo. Sólo desearles que  D. E. P.

Otro día  dedicaré el recuerdo a las mujeres, que tampoco están  entre nosotros. Deseo salud a las personas que viven o están vinculados de alguna manera al pueblo.
Gracias a todos.
                                                                                                                            MARUJA VALDÉS