Recuerdo siendo niña recoger margaritas por los prados, y pedir permiso a vecinas para cortar rosas, calas, o ramos de cinamomo para colocarlas a la Virgen. Durante el mes de Mayo, en la escuela, al finalizar la clase de la tarde, cantar la canción de “Venid y vamos todos con flores a María con flores a porfía que madre nuestra es”.
El primer domingo de Mayo se celebra el día de la madre. En mi niñez,hasta 1964, se celebraba el día ocho de Diciembre festividad de la Inmaculada Concepción. Recuerdo la ilusión de preparar el regalo de la madre en la escuela: unas tarjetas, bolsas de pan,… Yo recuerdo que a unas niñas y a mí, nos enseñó la maestra a hacer un caballo con cordel y un alambre para que se aguantase. Otra vez hice un “bambi” con fieltro. Para comprar el material recuerdo sacar de una hucha de madera que tenía y con el consentimiento de mi güela. Alguna vez me dio ella las pesetas, y me guardaba el secreto. Una vez llevaba creo una peseta y cincuenta centimos para pagar el material; al ir muy de prisa lo perdi. Al entrar en la escuela y no llevar el dinero, y encima llegar tarde, mis lagrimas me costó. Hoy ya hay más publicidad y más consumismo. A veces se compran cosas superfluas e innecesarias. En mi época había muchas carencias, por lo tanto, poco dinero. Yo, como madre, no me hace falta tanto dispendio; con una llamada de telf., un beso o un te quiero, me basta. Pues las madres, por lo general, respecto a los hijos, no solemos ser nada egoístas.
En homenaje al día de la madre voy hacer un recordatorio para aquellas mujeres que yo conocí en el pueblo, y no están entre nosotros. Algunas las recuerdo más y a otras menos, según mi edad.
Siguiendo unos metros más adelante, se llega a las casas del Carbayal. En la primera casa vivió Leonor Sánchez, una buena mujer trabajadora y callada, y en la casa siguiente las hermanas Enriqueta y Soledad Sánchez; y también Araceli, quién durante muchos años vino a pasar los veranos acompañada de su familia. A todas estas vecinas del Carbayal yo les guardo cariño, pues eran unas de las vecinas más cercanas.
Otra mujer que recuerdo es a Casimira (la Curra), que vivía en Sietes y venía muchas veces a una casina de la cual, actualmente, sólo queda el solar. Estaba pegando con la casa donde había nacido mi güela. También vivieron en ella Felicidad, (casada con un sobrino de Casimira), y Herminia. Yo no conocí a ninguna de las dos viviendo en dicha casa.
Al terminar el Carbayal, está la casa llamada “del charcón”. Esta casa es especial para mí, ya que a aquí vivió mi güela Josefa Huerta, nació mi madre y también mis hermanos y yo. Voy a recordar a las mujeres de la familia que venían a casa de mi güela unas con más frecuencia que otras; como mi otra güela paterna, que por cierto, también se llamaba Josefa, de apellido Pumarada, a la cual le guardo cariño. A Isabel Gutiérrez, tía política de mi madre, mi tía Luzdivina Valdés (hace un mes que se nos fue. Era hermana de mi padre), a su cuñada Araceli Huerta, a Casimira Huerta (prima de mi güela), y a la vez fueron cuñadas. Siempre se relacionaron bien. A Irene Carrasco (tía política de mi padre), Angelina García y su hija Marta. Para todas ellas, mi mayor recuerdo. A mi güela materna, que fue con la que nos criamos, le guardo gratitud, pues me enseñó valores como: ayudar e ir a visitar a los vecinos enfermos.
Recuerdo que nos hablaba de ser humildes y no ser egoístas, de querer y respetar a las personas mayores. Lo cierto es que, cuando no estaban nuestros padres, en casa, a la hora de las comidas, algo de guerra le dimos los tres nietos. Aunque era mujer de carácter, cuando la oíamos decir “REPUÑO”… sabíamos que la cosa ya estaba “ingrienta” (caliente) y que ya teníamos que aposentar. No recuerdo nos pegase, pero castigarnos, eso sí.
Mi güela era muy parlanchina y al tener a pocos metros un bar tienda a cada lado de su casa pues hablaba con mucha gente, que pasaba a comprar, de los pueblos colindantes, si no estaba ella por el portal la llamaban y conversaban yo recuerdo a Mela, Carmen y su hermana Pepa, Aldonza, Josefa coya, Casimira Pedro, Mercedes, a Amable, Ubaldina, casada con Sindo Peón, y madre de Luis, que nos dejo este año pasado, otras a recordar son Emilia, y su hermana Anita la 1º casada con Secundino paso periodos por Piedrafita en casa de su hija Laudelina, y Anita me acuerdo que venían a buscar el pan al bar del Carbayal, donde lo dejaba el panadero ellos lo recogían para repartirlo en San Martín, una vez fallecida su marido Emilio se fue a vivir con su hija Celsita y pasaba mucho tiempo por el pueblo, Emilio contaba muchas anécdotas, y chascarrillos, otras mujeres que pasaban mucho a comprar a la tienda fueron Visita y sus dos hijas Amelia, Remedios, del Llestru( San Feliz )y María (la Cubana)y su hija América vivían en una casa llamada Posada de (San Feliz) recuerdo muchas más pero sería muy larga la lista,
Siguiendo camino a pocos metros esta la casa de la tienda aquí yo recuerdo a una mujer trabajando en las tareas de la casa se llamaba Concha( Concepción) creo era natural de la parroquia de Libardón, aquí recuerdo venir a la tienda a comprar a Estefanía, Agripina y su madre, creo se llamaba Ventura, las dos pasaban con frecuencia al pueblo de Rales donde tenían familia, Casimira, Obdulia, y Soledaina, (Soledad) vivían en el Campón, y también a su sobrina Leonor, que vivía en Comeñes, otra mujer muy asidua al pueblo fue Blanca García yo recuerdo palabras y dichos que decía muy celebres si estaba comiendo galletas u otra cosa y le decías que aproveche te contestaba ''pa eso lo como que aproveche si quier'' pero si la provocaban la cosa ya cambiaba también vivía en Sietes y cerca de Blanca creo recordar vivir una mujer no sé si hermana o cuñada de Natividad,
En las casas denominadas la Plazuela vivía Margarita Fresno y recuerdo también a su nuera Adolfa Valdés, venir a visitarla, Adolfa era hija los tíos de mi padre, Encarnación y de Víctor de Ñabla (Rales) hermana de Benjamín de Concha madre de Miguel, de Leonor madre de Esther, todos y todas ya desaparecidas.
En la casa contigua viva Consola (Consuelo) Fernández, paso varios años en cama al cuidado de su sobrina política ,Sofía Cayado, una buena mujer y también en ocasiones venían sus padres María y Pepe ya mayores vivían en Vallés y Sofía los cuidaba también, venían de visita sus hermanas Julia, casada con José, y Teresa, casada con Jamo.
En la misma zona vivieron Casimira Sánchez, la recuerdo con el pañuelín negro en la cabeza con las vacas andaba muy de prisa tenía mucha energía, con ella vivía su hija Felicidad García.
Al frente cruzando la carretera estaba Pura Fernández muy amable y educada aunque a veces no gozaba de buena salud, le gustaban mucho los niños e ir visitar a los enfermos, vivía con su padre
A esta casa luego se vino a vivir su hermana Soledad, anteriormente vivían en la Carcobina Sietes
Y por la parte de abajo vivió otra hermana Julia tenía tres hijos yo recuerdo vivir allí solo a Onelia, los dos varones uno ya estaba emigrado a Chile y el otro vivía en Gijón donde se fueron todos a vivir.
Siguiendo más adelante es donde vivió con su familia Aurina Fresno, al frente estaba la madrina de mi madre Argentina Cabañas, las dos eran muy curiosas para hacer labores.
Separadas por el camino fue donde vivieron las tres hermanas: Primitiva, Lola y Virginia García, hermanas de Ramona, madre de Luisa Busto. Eran conocidas por “las hijas de Favorín”. En el portal de esta casa las tardes de los domingos, nos reuníamos las crías a jugar. Lola es de la que yo más me acuerdo; tenía siempre una sonrisa y una paciencia con los críos digna de admirar. Nunca nos reñía y teníamos el suelo del portal rayao con una teja para jugar a lo que llamábamos el cascayu… y no nos decía nada. Yo guardo un buen recuerdo de Lola.
A veinte metros nos encontramos con la Capilla y el Campu. Aquí vivió Juana Piniella y su familia. Una de sus hijas: Luz Cortina, nos dej hace pocos meses. La primera boda a la que yo fui con mis padres, fue la de Luz. Se casaron en la Capilla y el banquete se comió en la casa. Aquí recuerdo a Oliva y a Erundina. Eran nueras de Juana. Tampoco olvido a una de sus dos nietas mellizas: Ana Hilda y Angelines (Ángeles) hijas de Erundina; eran de mi edad. Angelines nos dejó demasiado joven, al igual que su primo Luis Miguel, hijo de mi madrina. Éste, desgraciadamente, aun era más joven que su prima Angelines. Ana Hilda se crió con los güelos en Piedrafita, hasta marchar con sus padres y hermanos para Gijón.
En las casas situadas frente a la de Juana, en la primera, vivió María Lueje. Recuerdo ver allí a su nuera Hilda y también a su nieta Luisina (también nos dejó muy joven). En la otra casa estaba Emilia Huerta, también nuera de María, y aquí también vi en ocasiones a Casimira, madre de Emilia y de mi tía política que ya la nombré: Araceli.
Bajando por el camino de Campu, cruzando la carretera, a la izquierda, vivió Soledad Lueje, hermana de María, y a la vez cuñada de Covadonga. Los veranos los solían pasar en Sietes. Se acercaba acompañada de su hermana Pilar, dando un paseo, a visitar a la familia.
Siguiendo unos metros adelante se llega a las casas de la Cebeyin donde vivió Inés Granja. Un día, al venir al medio día de la escuela, me acuerdo ver a Ermentina (vecina más cercana de Inés), y a mi madre, acompañando a las dos hijas de Inés que venían a buscar a su madre, pues estaba muy enferma. La mujer, después se recuperó, y vivió muchos años más.
En este lugar también conocí a Portala. A ésta mujer la recuerdo ya mayor. La llevó su sobrino Pepe a su casa para atenderla la familia. La
casina de Portala me llamaba a mí la atención porque tenía dos puertas de entrada casi pegadas. Era más bien baja de corredor. Un día se lo comenté a mi madre, y me dijo: “por una puerta se entra a la cocina y se sube al corredor y a una sala que hace de habitación; y por la otra puerta, se va a la bodega donde duerme Portala”.
casina de Portala me llamaba a mí la atención porque tenía dos puertas de entrada casi pegadas. Era más bien baja de corredor. Un día se lo comenté a mi madre, y me dijo: “por una puerta se entra a la cocina y se sube al corredor y a una sala que hace de habitación; y por la otra puerta, se va a la bodega donde duerme Portala”.
A pocos metros de la Cebeyin es donde estaba la casa escuela. Hoy sólo hay un matorral. Cada vez que paso por allí, me da más coraje ver en que se convirtió la escuela de la Parroquia
En la escuela quiero recordar a mi primera maestra: María Esther Sánchez, y a la última que tuve: Isabel López. Tengo un buen recuerdo de las dos. María Esther se hospedaba en casa de Juana. Isabel en la escuela, en la vivienda destinada a la maestra. Isabel falleció hace ya unos cuantos años. En la otra vivienda de la escuela, recuerdo a Nieves Alonso, casada con Avelino el Maestro. Los dos nacidos en Sietes y los dos nos dejaron hace unos años. Como también las tres hermanas de Nieves: Dorinda, Enriqueta y María. Nieves y María al estar viviendo más lejos, las traté menos. No es como a Dorinda y Enriqueta; que como vivían en Sietes, pues había más relación. De esta última, tengo que destacar lo bien que cantaba.
También a su tía Ramona. Recuerdo un día a la mañana, al ir a la escuela, ver a mi padre y a Manolo (el de Luis) que venían de buscar donde la escuela. Francisquín y alguno más, traían a esta mujer. Parece que salió y se despistó. Fue a parar a Froneldi, una finca de su propiedad. La pobre mujer cayó y pasó la noche al raso. No recuerdo muy bien, pero creo que, por suerte, no estaba muy lastimada.
Es curioso que a veces nos acordemos de algunas cosas pasadas, siendo muy pequeños, y en ocasiones, ya no nos acordemos de lo más inmediato.
Otras dos mujeres que pasaban a menudo a San Martín fueron Pilar Sánchez y Angelina Coya. Las dos tenían allí las madres y familia al ser las dos naturales de allí.
Otras mujeres a recordar son Teresina (la de la casa Sietes), Visita (la de la Caleya), Serafina, Angélica y Pacita la del Cotaraxu; y su hermana monja, Angelina, que yo conocí cuando vino del convento por un tiempo, a cuidar a su madre Casimira. También a Remedios, del bar de Sietes; a María Belén, a su hermana Rosina; a Sara (la conocí una vez venida de Cuba), a Marujina (aunque vivía en Oviedo pasaba los veranos en casa de Josefina). También recuerdo a sus padres y a sus hermanos; a los que más recuerdo son a Pepín y a Jesús.
Elsira, que también se fue muy joven; a Zoila y sus hermanas Clara y Ziria; a Remedios, Doña Julia, a una hermana y a una nieta. Recuerdo ir los domingos a la tarde a su casa a ver la televisión. A Carolina la de Santos, a Fidelia, Josefa la Chela, Natividad, Josefa Constante, una María que vivía por donde está el bar de Sietes, y otra mujer (pero no sabría describir muy bien; creo era abuela paterna de Nievines), y María Jesús, pues a los abuelos maternos tampoco los sabría describir muy bien.
Otras mujeres a recordar son Felicidad y su hija Pilar, Rosa el Güelu, Domitila (me acuerdo de verla en Villaviciosa en casa de María una de sus dos hijas) y Elena y su hija Josefina Vallín. A casa de Josefina también venían unos primos: Olga, Palmira y su hermano Benjamín que vivían en Lastres. Sus padres eran descendientes de Sietes.
También a Oliva la del Palaciu, Ramonina y su cuñada Rosario, Carolina de Mariano, Aida y su hija Pili (también me acuerdo de Pilar, madre de Aida).
De la Carcobina voy a dar un salto a Perviyao. Recordar en primer lugar a Angelina Granja, a Aurelia (casada con Avelino), Piedad y su marido José, a su hijo y yerno José Antonio y Ramón. A la madre de Piedad, si no estoy confundida, creo recordarla y me parece que se llamaba Elvira.
A los hermanos Celia, Benigno y Manolo; también a Hortensia y Urbano (padres de Nori -y el marido de ésta- José Antonio), a Julia (tía de Carmelina), a Filomena y Pepín (padres de Hilda y Angélica), a las cuales ya nombré. Otras dos mujeres: una se llamaba Casimira y otra Oliva. Pero no sé decir si tenían familia. Otra mujer a recordar es Suceso; Evaristo del Barrial, a Emiliano y Anita, a Angelina, casada con Marino.
Para todas estas mujeres que en paz descansen. Vivieron otra en época con aceptación y dignidad, muchas de ellas con muchas privaciones, sin conocer las comodidades; ajenas a la igualdad y otros derechos que hoy tenemos. Sirva este recuerdo el próximo domingo día de la madre, como homenaje hacia todas ellas. Aunque algunas no hayan sido madres seguro que lo ejercieron en algunas ocasiones, pues en los pueblos era de costumbre dejar a los pequeños al cuidado de alguna tía o una vecina si las madres se venían apuradas. También para todas las madres, sobre todo las que más o menos tienen mi edad, que aún tenemos la suerte de tenerlas, -con limitaciones y lagunas debido ya a su edad-, pero las seguimos disfrutando. Gracias a todas.
En el anterior post (anterior entrada a este blog) dedicado a los hombres con motivo del día del padre una vez publicado al revisar el borrador que tengo, me di cuenta que se me habían olvidado muchos nombres pido disculpas, lo voy a tratar de enmendar. Si de nuevo no me vuelven a patinar las neuronas:
Siguiendo en Perviyao aparte de los ya nombrados, recuerdo de Liyo, a su hermano Marino (casado con Angelina) y a su cuñado Manolo (nacido al igual que sus dos hermanos José y Adolfo en Rales). Fueron los vecinos más cercanos de niñez de mi padre.
Otro hombre cordial fue Arsenio Rodríguez.casado con Josefina Granja Fue alcalde de la parroquia durante unos cuantos años, y hace pocos meses que falleció.
Bajando a la casa del Campu, recuerdo a Manuel Alonso, conocido como Manolo el Oculista, pues su profesión era la medicina. Recuerdo con quince años ir a su consulta por un problema de visión que yo tenía. También ejerció de alcalde del concejo de Villaviciosa. Yo de su mujer no tengo recuerdo, ya que enviudó joven con cinco hijos. Tres de los cuáles se fueron muy jóvenes; Mª del Carmen, a la cual tuve la suerte de conocer una vez que se trasladó desde el convento a visitar a su familia a Villaviciosa; José Eugenio y Jesús(Jesusín)
El recuerdo que yo tengo de Manuel Alonso es de una gran persona, amable y campechano.
Siguiendo al Cotaraxu, estaba Armando. No me gustaría equivocarme, pues creo tenía rango de Capitán del ejército; y su hermano Óscar Lueje. También, un recuerdo para su yerno: Benjamín Álvarez, que despedíamos el verano pasado. Benjamín, lo aprecié no solo por estar casado con Angélica (fuimos amigas desde la escuela) , sino también por ser amigo de mi hermano Ramón; se preocupa de llamarlo por teléfono, venir a casa a charlar con él, e ir a visitarlo al Hospital las veces que estuvo intervenido.
Más adelante, recuerdo a Manuel Vallín, a su hijo Manolo y su yerno Manolo Sánchez, casado con Josefina Vallín (de la misma edad y amiga de mi madre, tenía muy buen carácter).
En la misma zona recuerdo a Agustín, (marido de Sara). Quién nos dejó hace poco tiempo, fue Jaime Tabernero, con el cual tuve la suerte de hablar muchas veces; pues cuando venía a Sietes, paseaba mucho por Piedrafita y paraba muchas veces a charlar con mis padres
También nos dejo Gonzalo Cortina, persona familiar y atenta, al menos para mi familia. Mientras su salud se lo permitió, se acercaba a visitar a mi madre aún después que ésta se viniese conmigo a Colunga. También, varias veces, acompañado de Ana, la visitaron. También Julián, el del bar. A su hijo Juanito, después de pasar años, lo vi en el funeral de su primo Gonzalo y me causó lastima. Me pareció que el hombre no estaba muy bien de salud. Al poco tiempo me entere de su fallecimiento.
Me acuerdo de ir a casa de Casimira, y ver en el portal de la casa de Josefina a su tío D. Perfecto.
Y sentado donde un balcón de la casa de Zoila, (no sé si sería también tío), no sé el nombre creo le llamaban “el paisano”.
Otros que voy a recordar son: Carlos Miyar, padre de otra amiga; Maribel y a su marido Carlos fallecido también muy joven.
También a Salvador, a Secundino y su hermano Sidoro Granja (padre de Sidorito). Recuerdo el primer radio que yo conocí en mi casa; se lo compraron a él. También a Eloy y a Sidorito los recuerdo venir a Piedrafita, y sobre todo a asistir año tras año a la misa de Santa Lucía. Eran dos hombres simpáticos y cordiales.
Así también era Luis Díaz. Fue tratante de ganado varios años. Le gustaba la caza. La última vez que lo saludé en Sietes, no me conoció. Me dio pena, pues si nos encontrábamos alguna vez en Colunga siempre me decía: “¿qué tal estáis Marujina?”. Voy a recordar también a su hermano Pedro. Estuvo varios años trabajando con Rafael en la construcción.
Hace poco estuve contemplando una fotografía de seis hombres de Sietes; creo que estaban de boda, y como es natural, recordaba a todos perfectamente. Al que menos fue a Santos; sólo recordaba verlo llevar el farol en la procesión del Corpus, -pues entonces era el alcalde-; y sin embargo me doy más cuenta de otras personas más mayores que él. Quizás Santos saliese menos por no gastar salud o algo así, pues su hija y yo fuimos a la escuela a la vez. No tenemos mucha diferencia de edad. Un recuerdo también a su marido Miguel.
En la misma línea, también falta, Pepín (hijo de Natividad), y de Benigno Toyos y Pepe (marido de Conchita); aunque no vivían en Sietes. También un recordatorio para Ramón (el Marqués), que falleció en un desafortunado accidente y a tres de sus hijos fallecidos muy jóvenes: Jesús, Manolo y Antonio.
Otros a recordar son Francisquín y su hermano Venceslao; Ramón y Angelito (los dos vecinos eran muy conocidos en el concejo pues desempeñaban el trabajo de taxistas en Villaviciosa).
También a Mel, padre de Aurelia y Alfredo. Mel cabalgaba en un burro claro; un medio de trasporte muy usual en aquel entonces, sobre todo para las personas que tenían alguna limitación para caminar. Su hijo Alfredo era simpático, me parecía tan buena persona, como su hijo Óscar (a quien recuerdo en los bailes del Casino tocando el bombo); tanto él, como Pepe (marido de su hermana Amor y hace poco un yerno de Juan), como otros muchos que nombre se fueron demasiado pronto. Como también Martín (marido de María), y Paco (marido de Tere, las de la casa Sietes).
Creo me quedan por recordar: Ramón de Anxilo y su hijo Benigno( Pinón, como se le llamaba). Fue un hombre trabajador; recuerdo verlo pasar a él, u otras veces sus hijos, con el caballo o con un carrillo a repartir pienso para el ganado. Cuando los vecinos de los pueblos lindantes se lo compraban, amigo de gastar bromas, cuándo pasaba por donde nuestra casa llamaba a mi padre, charlaban, y se provocaban mutuamente; los dos se reían. Lo que no se imaginaban es que la tarde del dieciocho de Mayo del 2004, se celebrarían sus dos funerales en Sietes. También, Lalu (marido de su hija Alicia) falleció demasiado joven en un trágico accidente de moto.
Si es cierto que hoy tenemos más conocimientos y en los pueblos hay menos vecinos, y casi todos con coche. La gente se hace más independiente; cada uno anda lo suyo, y hasta hay menos diálogo. En los años de mi niñez para ir de un pueblo a otro se hacía caminando, se encontraba más gente y se conocían todos. Entre ellos eran más sociables.
Quizás me extendí demasiado quise enmendar el olvido y entonces hice un recordatorio más minucioso por la Parroquia. Seguro que otra vez me queda sin nombrar alguien, o confundí nombres, o los comentarios no serian apropiados,… pues si fue así, lo siento.
Seguro que todos los que ya no están entre nosotros no fueron iguales; tuvieron diferentes costumbres, pensaron diferente,… pero al final sin darse cuenta lucharon y pusieron su granito de arena por dejarnos un mundo mejor.
Gratitud hacia todas estas personas y, que descansen en paz.








